Hay quien se olvida que el bloqueo existe.Los que viajan a Cuba pueden apreciar sus efectos. Los cubanos lo sufrimos minuto tras minuto, desde hace más de 45 años
Necesitas tomar un ómnibus para trasladarte hacia el trabajo o la
escuela. O para visitar a un familiar o amigo. O para llevar a tus
hijos al zoológico o al parque de diversiones.
Y el ómnibus no
llega. Se demora. Pasan horas. Ya no eres solo tú esperando, sino
decenas y decenas de personas, cada cual con su proyecto.
Quizás
encuentres consuelo en pensar que en la década de los 90, cuando
comenzó el PerÃodo Especial, fue mucho peor: literalmente se paralizó
el transporte cuando dejó de llegar el combustible de la Unión
Soviética, que acababa de ser vendida en bandeja de plata al imperio,
desmembrada como no logró hacer la invasión fascista, con la diferencia
de que en esta ocasión no se escuchó un solo disparo, porque los
disparates y traiciones no tienen sonido.
Las avenidas y calles
están deterioradas. Las fachadas de las viviendas necesitan
urgentemente de reparaciones para alargarles su tiempo útil. El agua
potable la recibes por horarios reducidos. La fábrica o escuela
necesitan al menos de una mano de pintura. Los animales del zoológico
se ven famélicos y los aparatos del parque infantil no funcionan por
falta de reparaciones.
La Libreta de Abastecimientos, que
garantiza para los 11 millones de cubanos, a precios subsidiados por el
Estado lo que en otras partes se denomina canasta básica, se
reduce a unos pocos productos, y el resto debes adquirirlos bien caros,
en los mercados agropecuarios de oferta y demanda, esa ley que algunos
"consejeros" nos proponen como solución, camino, vÃa expedita. O trampa
para que resbalemos y caigamos en el lodazal que empantana al mundo
neoliberal globalizado.
Vas a atenderte con el médico y puede que
tengas que esperar más tiempo del debido para someterte a una
intervención quirúrgica, porque sencillamente falta el hilo para las
suturas, el catéter para una inducción o el equipo de esterilización
están descompuestos, por falta de suministros de piezas, accesorios,
material gastable y agregados.
TÃa Yoya muere y todo el funeral,
durante la madrugada, tienes que pasarlo con los tuyos a la tenue luz
de una vela adquirida en divisas, porque un apagón ocasionado por una
averÃa se le ocurrió acompañarlos en este triste momento.
Tu
primo Omar también acaba de fallecer, no por las heridas que recibió en
el accidente de tránsito, sino porque el respirador artificial
presentaba problemas, y dejó de oxigenarlo como requerÃa su estado
grave.
Entras a la Sala de PediatrÃa del Instituto de OncologÃa y
RadiobiologÃa y allà están las sonrisas de los niños amenazadas con
extinguirse para siempre.
¿Has visto acaso llorar a un médico por
la muerte de un paciente? ¿Lo has sentido abrazar a una madre que acaba
de perder a su hijito de dos añitos de edad, y ambos derramar sus
lágrimas, uno sobre el pecho del otro?
¿Has pensado en que en la Sala de Espera hay un padre y unos abuelos y unos hermanitos y unos tÃos que también van a llorar?
El Indio Naborà escribió en sus versos:
"Los niños no han nacido para morirse niños;
nacen para crecer y enarbolar banderas…
Hay que poblar al mundo de parques y piñatas,
De bosques y alamedas…"
Pero te repito que acaba de morir un niñito de apenas dos añitos, que pudo haber sido tu hijo o mi hijo, tu nieto o el mÃo.
Los
médicos cubanos, eso lo reconocen todos los familiares, hicieron lo
imposible por salvarle su pequeña existencia, aliviarle el dolor y
devolverle la alegrÃa a su carita linda.
Pero los yanquis lo
asesinaron a mansalva, porque le negaron un medicamento de última
generación, un suero citostático o una simple aguja que tuviera por
marca el macabro "Made in USA".
No hablo de aquellos
101 niñitos que ellos mismos asesinaron con la epidemia de dengue
hemorrágico, introducido en Cuba en 1981 por un agente de la CIA, que
confesó cÃnica y públicamente su crimen, se pasea libremente por las
calles miamenses y ni siquiera ha sido molestado por el FBI.
Tampoco
menciono a los niños cubanos, muertos o mutilados por ataques
terroristas provenientes de Miami, bajo el manto criminal de 10
administraciones de Estados Unidos, que amparan, protegen, cobijan y
alimentan a esos monstruos del horror, porque ellos mismos los
engendraron, amamantaron y criaron. Y lo siguen haciendo con vistas a
más acciones en el presente y el futuro, lo cual justifica plenamente
la infiltración entre esas bandas de asesinos a sueldo de los Cinco
Héroes Cubanos prisioneros polÃticos del imperio, que por su inocencia
deben ser ya puestos en libertad.
Sencillamente me refiero a que
cualquier niño cubano puede morir ahora mismo a causa de las
limitaciones impuestas por el bloqueo yanqui contra Cuba, el más
prolongado y cruel de la Historia de la Humanidad, que entró
oficialmente en vigor en febrero de 1962, aunque desde ese mismo mes,
en 1959, ya habÃan comenzado a presionar a este pequeño paÃs, que se le
escapaba de sus garras para siempre.
El bloqueo, desde su
aprobación por John F. Kennedy, es todo un entramado de leyes,
decretos, medidas, oficinas y personal, dedicado a tiempo completo a
tratar de doblegar a Cuba por hambre, enfermedades y muerte.
Las
leyes internacionales reconocen a tales actos como Delito de Genocidio
y Terrorismo de Estado, aunque allá se empeñen en continuar llamando
como "embargo" a tal engendro, que extiende sus tentáculos
hacia terceros, cuartos y quintos paÃses, presionados, amenazados y
sancionados por comerciar con Cuba, en este mundo actual donde tanto se
habla del "libre mercado".
La Ley Torricelli, en 1992,
y la Helms-Burton, en 1996, endurecieron y otorgaron carácter
extraterritorial al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, y el
presidente George W. Bush se ha encargado de recrudecerlo al máximo,
para complacer a los mafiosos anticubanos que lo llevaron al poder en
el año 2000, mediante un escandaloso fraude en la Florida, donde las
elecciones se desarrollaron en un ambiente similar al de la Cuba de
antes de 1959, esa que añoran restaurar en sus imposibles pesadillas.
La
mentira esgrimida y descubierta es que se trata de un asunto bilateral
entre Cuba y Estados Unidos, cuando la gran verdad es que decenas de
paÃses y cientos de miles de personas se ven afectadas directamente
como consecuencia del bloqueo yanqui, incluso dentro del propio
territorio de Estados Unidos, donde cada vez son más las voces que
exigen el fin de tan descabellada e inhumana práctica.
Pero estos
esquizofrénicos alcohol-dependientes gastan más millones de dólares de
los contribuyentes estadounidenses en vigilar por todo el Planeta las
transacciones comerciales o financieras de Cuba, que en perseguir a las
bandas terroristas de Al Qaeda y otros grupos afines.
A estas
alturas, siete de cada 10 cubanos han nacido bajo los efectos del
bloqueo, que van desde todo lo antes mencionado hasta la carencia de un
simple creyón labial para celebrar los 15 de una muchachita, un lápiz
de colores para que un niño pinte a Elpidio Valdés o una cuchilla de
afeitar para el abuelito.
El objetivo está más que definido.
Apoderarse de Cuba, ansia imperial desde antes de independizarse las 13
Colonias de Inglaterra y constituirse aquel paÃs como Nación.
Ya
a fines del siglo XIX, J. C. Breckenridge remitió a las máximas
autoridades de su paÃs un documento en el cual planteaba que para
alcanzar ese añorado anhelo, Estados Unidos debÃa bloquear a Cuba, aún
en guerra contra el colonialismo español, para diezmar a la población
por hambre y enfermedades, y obligarla a caer en manos del naciente
imperio.
Después, en 1960, antes de proclamarse el carácter
socialista de la Revolución Cubana, otro alto funcionario de la
administración de Kennedy firmó otro memorando que es casi copia al
carbón del anterior. ReconocÃa que al no existir en Cuba la oposición
interna, Estados Unidos estaba obligado a engendrarla mediante la
creación de escaceses y privaciones, para que la población se
disgustara y levantara en contra del cambio.
A partir de
entonces, todo ha sido más de lo mismo, siempre con una vuelta de
tuerca más a la infernal maquinaria del bloqueo, condenado por la
inmensa mayorÃa del Planeta, e incluso dentro del mismo Estados Unidos.
Nadie,
pues, se llame a engaños. Quien viaje a Cuba podrá ver las secuelas del
bloqueo yanqui, ese que sufren y padecen los cubanos año tras año,
minuto a minuto y segundo a segundo, con más estoicismo que los
espartanos, y sin interés alguno de doblegarse, ni rendirse, ni
alquilarse, ni venderse.
Asà que sobran los consejos piadosos,
las propuestas paternales o maternales y las sugerencias de que hagamos
una que otra concesión en nuestro deseo soberano de hacer en Cuba lo
que nos venga en ganas.
La suerte está echada desde el 10 de
Octubre de 1868, cuando el Padre de la Patria, Carlos Manuel de
Céspedes, liberó a sus esclavos para iniciar las gestas
independentistas, con la idea, entre otras, de que jamás fuéramos
esclavizados por ninguna potencia extranjera.
El camino continuará nadie sabe hasta cuándo, cubierto de piedras y de espinas.
Pero no hay mal que dure 100 años, ni imperio que resista tanto tiempo cometiendo crÃmenes genocidas con absoluta impunidad.